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Médicos y cirujanos

Mutilación genital femenina: la respuesta de la cirugía plástica

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La mutilación genital femenina es un fenómeno sumergido. Franco Bassetto, catedrático de cirugía plástica, director de la Unidad Operativa Compleja de Cirugía Plástica del Hospital Universitario de Padua, y organizador, en colaboración con la SICPRE (Sociedad Italiana de Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética), de la Cumbre sobre la mutilación genital femenina celebrada en la misma universidad, explica cómo los datos que relatan este fenómeno son sólo estimaciones y cómo la cirugía plástica está ayudando a reconstruir la vida de las pacientes mutiladas.

El programa de la Cumbre comprendía una introducción con un documental muy impactante que mostraba a una niña, acompañada por su madre y su abuela, sometida a esta práctica tan cruel practicada en el Cuerno de África. Se ha estimado que hay entre 80 y 90 mil casos en Italia y 250 millones en todo el mundo. Es un fenómeno del que se sabe muy poco y todas las estimaciones son aproximadas. Es una práctica étnica que afecta a las niñas antes de la pubertad y se realiza por una creencia étnica y no religiosa, con el objetivo de crear un sentimiento de pertenencia a la comunidad. Esta práctica supone la amputación de distintas partes de los genitales externos femeninos y se realiza en entornos domésticos, lo que conlleva una serie de problemas.

La amputación de la parte sensorial externa del clítoris se realiza con una cuchilla de afeitar, lo que provoca una importante hemorragia y cicatrices no controladas. De este modo, el clítoris queda completamente cubierto de tejido cicatricial que elimina la sensibilidad. Existen diferentes grados de mutilación, como la amputación de los labios menores o la amputación y cierre de los labios mayores, práctica denominada infibulación. Dependiendo del grado de deformidad que el cirujano encuentre en el paciente, existen diferentes tipos de intervención: tratamiento de la cicatriz, corrección de la amputación mediante plásticos o intervenciones regenerativas, en las que se inyecta tejido adiposo que tiene un alto contenido en células madre y restablece la consistencia. En los casos más graves de infibulación, es posible la desinfibulación combinada con la cirugía regenerativa, aunque nunca es una restitución completa.

La práctica de la mutilación genital femenina también se da en niñas de segunda o tercera generación que viven en países a los que la familia ha emigrado. Afortunadamente, las niñas de estos países ya no aceptan esta mutilación en silencio. De hecho, muchas de ellas han tenido que renunciar a su vida sexual, a la procreación y a la maternidad. Los cirujanos están trabajando tanto para dar a conocer  los datos como para crear referencias para resolver este problema.

Tenemos que actuar desde el punto de vista de la divulgación. La confrontación étnica no siempre es fácil porque no es posible imponer los valores de una sociedad, pero sí se puede cuestionar una práctica que va en contra del bienestar de las mujeres.

Este fenómeno, originario del Cuerno de África, se extendió después a nivel mundial con la migración de los pueblos. De este modo, la práctica se impuso en todo el mundo, y las mujeres mutiladas pidieron a los cirujanos que corrigieran los resultados. La cirugía ha reaccionado y se está organizando: hay centros de referencia, pero hay que ayudarlos políticamente en la creación de verdaderas unidades, junto con el Sistema Nacional de Salud, compuestas por cirujanos plásticos, urólogos, ginecólogos, sexólogos y mediadores culturales, en las que el paciente pueda encontrar una respuesta competente.

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