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Médicos y cirujanos

Cicatrices: los diamantes de la piel

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Marco Tresoldi, profesor contratado, investigador de la Universidad de Pavía y cirujano plástico, nos dice que las cicatrices son como diamantes porque permanecen para siempre.

Tresoldi explica que la cicatriz es un tejido de reparación. Nuestro organismo está tan evolucionado que no consigue regenerar los tejidos, salvo en algunos casos como el del hígado. En otras zonas, se forma tejido de reparación, lo que supone un intento de reparar los daños. 

De hecho, el proceso de cicatrización se produce a través de la formación de tejido conectivo compuesto principalmente por fibras de colágeno que actúan como pegamento entre los colgajos. De media, una cicatriz se forma en 7-10 días, después empieza un proceso de maduración que pasará por las etapas de retracción, contracción, y remodelación de la cicatriz, y durará aproximadamente un año.

Al principio la herida puede verse rojiza o morada por ser resultado de un trauma, pero la pérdida del contenido de agua de las fibras de colágeno hace que la cicatriz se haga blanquecina y translúcida. No obstante, pueden surgir resultados anómalos debidos a defectos en el proceso de cicatrización. Las cicatrices pueden ser atróficas, es decir hundidas, hipertróficas o queloides. En este último caso los fibroblastos, las células diputadas a la producción de colágeno, son estimuladas a producir más de este y de esta forma la cicatriz sale de los márgenes de la herida.

En un artículo publicado, el profesor explica cómo el tratamiento innovador de la patología queloide se basa en la exportación quirúrgica seguida por radioterapia. De esta manera se pueden “silenciar” los fibroblastos que producen un exceso de colágeno en la sede cicatricial.

Algunas zonas son más propensas a desarrollar patologías hipertróficas o queloides, como la región del esternón, el deltoides y las superficies articulares. Algunas personas son más propensas a la formación de cicatrices, esto depende del fototipo, es decir de una clasificación que analiza cómo la piel reacciona a la radiación ultravioleta. Por tanto, ambos, la genética y la topografía anatómica son factores importantes a tener en cuenta durante el proceso de cicatrización. 

Se pueden emplear dos tipos de productos en el tratamiento de las cicatrices: la silicona y la elastocompresión. Ambos ayudan a favorecer la reducción del proceso de inflamación, llevándolo a un nivel fisiológico en el que la cicatriz aparece blanca y plana. Los productos a base de silicona pueden encontrarse en forma de gel o de parche, lo importante es que el grado de pureza de la molécula sea elevado. Porque de lo contrario puede provocar casos de dermatitis o hipersensibilidad. Por otro lado, la elastocompresión se aplica en zonas sometidas a traumatismos, para evitar que la cicatriz se desarrolle hacia arriba.
Sea cual sea el tipo de cicatriz que presente el paciente, siempre es importante evaluar el cuadro clínico. De hecho, el trabajo del médico es realizar un diagnóstico y luego indicar la mejor terapia.

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